sábado, 15 de agosto de 2020

UNA GRAN VERDAD


LA VERDADERA HISTORIA DE "TORO SENTADO"


En el siglo XVII, los indios lakotas, junto con otras tribus de la familia sioux, se instalaron en las grandes llanuras de lo que hoy es Estados Unidos, en los actuales estados de Dakota del Norte y Dakota del Sur. Allí adoptaron una vida nómada, con una economía basada en la caza del bisonte. En invierno vivían en pequeños grupos o familias para resistir mejor el frío y encontrar comida y cobijo con más facilidad, mientras que en verano se reunían en las zonas fértiles para cazar búfalos, celebrar ceremonias religiosas y festivas, comerciar y resolver conflictos internos.

A mediados del siglo XIX, este modo de vida se vio amenazado dramáticamente por la imparable expansión de Estados Unidos hacia el oeste. Colonos en busca de tierras, ganaderos, soldados y buscadores de oro cambiaron en unos pocos años el paisaje de las Grandes Llanuras, quebrando el frágil equilibrio económico de las tribus indias y poniendo a estas ante un trágico dilema: el de lanzarse a una resistencia armada condenada al fracaso o llegar a acuerdos que suponían su marginación y amenazaban su supervivencia. Tal fue el caso de los lakotas. En 1865, al término de la guerra de Secesión americana, el jefe Nube Roja (Red Cloud) se dedicó durante varios años a atacar los fuertes del ejército establecidos en la zona, hasta que en 1868 se firmó un tratado por el que se concedía a los indios un vasto territorio al oeste del río Misuri en el que los colonos no tendrían derecho a entrar. Además, se creó «una gran reserva india para los sioux» en el suroeste de Dakota del Sur para aquellos que quisieran abandonar la vida nómada.

La tregua duró muy poco. Hacia 1875, los territorios libres de colonos habían ido menguando vertiginosamente, los búfalos eran cada vez más escasos y muchos de los indios que se habían quedado en la reserva veían cómo las tierras que les habían concedido para la agricultura no eran lo bastante fértiles y las provisiones que recibían del gobierno eran cada vez más exiguas. Además, algunos colonos habían encontrado cantidades importantes de oro en las Colinas Negras, un territorio considerado sagrado por los indios, lo que llevó al gobierno estadounidense a crear una comisión para comprar las Colinas Negras a los indios. Cuando estos se negaron se decretó que a partir de enero de 1876 todos los sioux deberían recluirse en la reserva y los que no lo hicieran serían considerados hostiles. Para hacer cumplir la orden marcharon a la zona tres regimientos al mando del general Sheridan.

Fue entonces cuando hizo su entrada en la historia el célebre Toro Sentado (Sitting Bull). A sus 35 años, Thathanka Iyotake, como en realidad se llamaba en lengua lakota, era ya un guerrero experimentado. Tras hacer sus primeras armas a los 14 años, había destacado en las campañas de Nube Roja entre 1866 y 1868, momento en que se convirtió en jefe principal de los lakotas. Su actitud frente a Estados Unidos la resumió él mismo más tarde: «Nunca enseñé a mi pueblo a confiar en los americanos. Les he dicho la verdad, que los americanos son grandes embusteros. Nunca he negociado con los americanos. ¿Por qué debería? La tierra pertenecía a mi pueblo». Por ello, en 1876, Toro Sentado no dudó en rechazar la orden de reclusión en la reserva y, junto con otros guerreros, como Caballo Loco, declaró la guerra al ejército de Estados Unidos.

En el verano de 1876, Toro Sentado se estableció en una zona fértil junto al río Little Bighorn, donde reunió a unos 7.500 indios. Allí ejecutaron la llamada danza del Sol, una ceremonia religiosa compuesta de rituales que duraban varios días. En su curso, Toro Sentado comunicó a los demás miembros de la tribu una visión que había tenido (su prestigio como líder se basaba también en sus dotes de profeta): llegarían soldados tan numerosos como saltamontes, con los pies arriba y la cabeza abajo, y la nación sioux acabaría con ellos.

“Nunca he negociado con los americanos. La tierra pertenece a mi pueblo”, dijo Toro Sentado

Efectivamente, a los pocos días apareció frente al campamento indio un regimiento estadounidense: el célebre Séptimo de Caballería, comandado por el general Custer (en realidad teniente coronel), un héroe de la guerra de Secesión americana (1861-1865). Custer tenía experiencia en la guerra con los indios, a los que siempre había batido fácilmente. Pero en esta ocasión no se percató de la notable superioridad de efectivos de los sioux, que tenían al menos 1.500 guerreros frente a los apenas 630 soldados y oficiales a su mando. Además, Custer dividió su regimiento en tres batallones y los lanzó a la carga por puntos diferentes, debilitando así su ofensiva. Los indios, que estaban en su terreno y dispuestos a defender a sus familias hasta la muerte y contaban además con rifles de repetición, no sólo repelieron el ataque, sino que lograron acorralar al batallón de Custer y aniquilaron a sus doscientos integrantes tras una encarnizada lucha.

La profecía de victoria de Toro Sentado se había hecho realidad, pero en la práctica la batalla de Little Bighorn supuso el final de las tribus sioux. La derrota de las tropas de Custer conmovió y escandalizó a la opinión pública estadounidense, y el gobierno mandó un ejército mucho más numeroso y mejor pertrechado para aplastar a los rebeldes. Toro Sentado no quiso rendirse y en 1877 huyó con los suyos a Canadá. Allí permanecieron en paz durante cuatro años, pero los inviernos eran incluso más duros que en los territorios de las dos Dakotas y los cerca de doscientos sioux que habían seguido a su líder necesitaron de la caridad para su supervivencia. En 1881, Toro Sentado regresó a Estados Unidos para rendirse. «Quisiera ser recordado como el último indio de mi tribu que entrega su rifle», declaró.

Junto a sus seguidores, Toro Sentado fijó su residencia en la reserva de Standing Rock, donde se vio sometido a una estrecha vigilancia por parte del oficial al mando del lugar, James McLaughlin, que seguía viéndolo como una amenaza. Pese a ello, en varias ocasiones actuó como representante de su pueblo, y aunque no tuvo éxito en sus intentos de impedir la venta de las tierras indias era tratado con el respeto y la admiración que merecía el hombre que había derrotado al ejército de Estados Unidos. En 1885, el célebre Buffalo Bill le ofreció participar en El salvaje Oeste, un espectáculo que incluía toda clase de atracciones relacionadas con las guerras indias y la vida en las praderas. El antiguo jefe sioux pasó cuatro meses actuando con Buffalo Bill. Debió de ser un período feliz para él: acompañado de cinco hombres y tres mujeres, además de un intérprete, se le pagó bien, entabló amistad con sus compañeros de reparto y pudo apreciar el respeto y la admiración de los espectadores.

De vuelta a la reserva de Standing Rock, Toro Sentado se vio envuelto en un episodio que trastornó de nuevo la vida de los indios. Muchos de ellos empezaron a creer que si bailaban correctamente la llamada Danza de los Espíritus conseguirían que los colonos abandonaran sus tierras y los espíritus de los indios más célebres volverían a este mundo para luchar contra el invasor. A sus 59 años, Toro Sentado vio una esperanza en este movimiento, lo que puso en alerta a McLaughlin.
Una mañana, la policía india de la reserva fue a su cabaña para arrestarlo. Toro Sentado no opuso resistencia, pero sus amigos y vecinos acudieron a defenderle provocando así una reyerta en la que uno de los policías indios mató al antiguo líder. De este modo se hizo realidad otra de las profecías de Toro Sentado: el jefe indio había anunciado que sería asesinado por indios sioux.

ETIMOLOGÍA DE FRASES MUY NUESTRAS "A rey muerto, rey puesto".

Expone Luis Carandell en su libro sobre anécdotas políticas que en la guerra de Sucesión española, cuando Felipe V
estaba sitiando la ciudad de Barcelona, en poder de su oponente el archiduque Carlos de Austria, se animó el Borbón y se decidió a luchar con sus soldados. Estos, viendo los riesgos que corría el monarca, le comentaron que no debía hacerlo, ya que “rey no hay más que uno”. A esta sensata sentencia contestó Felipe V con la frase que nos ocupa: “Otro habrá. A rey muerto, rey puesto”.

jueves, 13 de agosto de 2020

EL LUNA PARK ALBERGÓ LA MAYOR MANIFESTACIÓN NAZI EN LA ARGENTINA!!!


Uno de los eventos más desconcertantes que se llevó a cabo en el Luna Park el 10 de abril de 1938 fue la celebración multitudinaria del Anschluss, el término alemán que significa "reunión" y que se utilizó en aquellos tiempos para hacer referencia a la anexión de Austria a la Alemania nazi de Adolf Hitler.

Se vivía en una suerte de cuenta regresiva. Es que el dictador, pese a que ya había hecho pie en territorio austríaco, convocó para abril a un referéndum con la intención de que el pueblo revalidara lo que de hecho ya había sucedido: la anexión de Austria a lo que él llamaba "La Gran Alemania".

Para eso, austríacos y alemanes que estuvieran en cualquier parte del mundo debían mostrar su adhesión participando de una especie de referéndum. Así ocurrió en varios países. Y también en la Argentina, donde, según los diarios de la época, se estima que los primeros días de abril de 1938 se acercaron a las urnas cerca de 25 mil personas que votaron simbólicamente en clubes, escuelas y distintas instituciones alemanas que funcionaban en el país.

Pese a las protestas de varios sectores políticos, en especial de las agrupaciones estudiantiles que veían en el referéndum local una suerte de invasión a la soberanía nacional, el presidente argentino del entonces, Roberto M. Ortiz, permitió que la votación se llevara adelante.

Y también dio el visto bueno para que el 10 de abril tuviera lugar el corolario de los eventos de aquellos días: la celebración nazi del llamado Día de la Unidad Nacional en el Luna Park.

"La cita estaba prevista para las diez de la mañana de ese mismo 10 de abril. Media hora antes, las puertas del Palacio de los Deportes se abrieron para recibir una multitud de alemanes, austríacos y argentinos. Entre doce y veinte mil personas llegaron hasta las proximidades de Corrientes y Bouchard. Contaban con la venia de la jefatura de policía, que dos días antes había accedido al pedido de la comunidad austroalemana para realizar el acto", reconstruyen los periodistas Guido Carelli Lynch y Juan Manuel Bordón en su libro sobre el 'Luna Park: El estadio del pueblo, el ring del poder' (Sudamericana).

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Minutos después, en la Plaza San Martín, a pocas cuadras del mítico estadio, la Federación Universitaria Argentina (FUA) intentaba llevar adelante una acto de desagravio, que terminó con dos muertos, represión policial, heridos y disturbios.

Mañana de domingo.
 La tensión en las calles era evidente. El Luna Park estaba rodeado de efectivos de las distintas fuerzas de seguridad mientras decenas de delegaciones llegaban al estadio.

En paralelo, los estudiantes universitarios, que habían pedido permiso para llevar adelante una actividad más extensa para honrar a San Martín y defender de esa manera la soberanía argentina, se iban reuniendo para homenajear al Libertador pero debían limitarse a dejar una ofrenda floral porque, según las autoridades, no había suficientes efectivos policiales para custodiarlos.

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Eso no les impidió reunir a una multitud mientras otra vitoreaba al líder nazi en el Palacio de los Deportes y repetía el saludo "Heil, Hitler" con los brazos en alto.

"También lanzaban vivas por el ansiado Anschluss y el Gran Reich. La ubicación de los asistentes quedó en manos de otros uniformados con la vestimenta nazi. La juventud fascista argentina, que formaba parte de la Alianza de la Juventud Nacionalista, también fue de la partida y se distinguía por sus camisas grises y cinturones Sam Browne. Las principales autoridades alemanas en el país y los referentes de toda la colectividad dijeron presente. También hubo personalidades de la política local, como el gobernador de Buenos Aires, Manuel Fresco –siempre señalado por sus vínculos nazis–, y su ministro, Roberto Noble (N. de la R. se trata del fundador del diario Clarín)", describen Carelli Lynch y Bordón en su libro y agregan: "A las diez y media en punto, un clarín resonó en el enorme recinto e interrumpió a la orquesta que interpretaba marchas patrióticas alemanas. Indicaba el comienzo formal del acto".

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Las notas de los medios gráficos del momento, en tanto, difieren en su tono y en la extensión que le dan a un evento de tal magnitud.

Una de las publicaciones que mayor cobertura brindó al hecho fue el diario Crítica, de la familia Botana, que desde comienzos de abril de 1938 fue detallando cómo eran las votaciones en las instituciones germanas, la oposición de los sectores políticos, la intervención del Poder Judicial que permitió el acto y la reacción de los estudiantes.

De hecho, en los días previos y también en la semana posterior, describió al evento como "acto nazista" al que concurrirían "los jefes nazis luciendo uniformes".

En una de sus crónicas, el diario cuenta que a dos periodistas no les permitieron ingresar "por ser de Crítica" y que entonces decidieron acceder, como el resto, pagando su entrada, que costaba 20 centavos. Según la crónica, el recinto estaba irreconocible.

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"El fondo está cubierto por una enorme tela con letras góticas 'Ein Volk Ein Reich Ein Führer'", escribió el cronista y agregó: "No reconocemos al viejo estadio. Ni el mismo Lectoure lo reconocería".

Además, Crítica detalló que dentro del Luna Park y en los alrededores se vendían postales, insignias y banderas nazis como souvenirs, tal como ocurre hoy cuando hay recitales en el lugar y las veredas de Bouchard y Corrientes se llenan de vendedores al paso.

En el diario La Nación, en cambio, eligieron darle al encuentro otro matiz. Se refirieron a éste como "un acto de adhesión al Gran Reich" que congregó a la "colectividad germano-austríaca".

Luego, señalaron en un artículo interior los pormenores del encuentro, con los nombres de quienes se subieron al escenario a pronunciar distintos discursos.


"A lo largo del recinto formaban doble fila en los pasillos los miembros del Partido Nacional-Socialista uniformados y con la cruz esvástica en el brazal, lo mismo que los representantes de la asociación Germano-Austríaca, organizadora de la reunión", describió La Nación en su edición del lunes 11 de abril de 1938.

También se refirió al tono de agradecimiento de los alemanes con las autoridades argentinas que permitieron que se llevara adelante el acto.

Una página después, y sin unir la noticia con lo que había pasado en el Luna Park, el matutino describió las manifestaciones estudiantiles: "Al margen de un acto de la Federación Universitaria produjéronse incidentes", fue el título. "A raíz de los tumultos hubo dos muertos y algunos heridos y contusos", detalló el artículo.

Protestas y disturbios

Mientras en el Luna Park sonaban cánticos y loas a Hitler, la Plaza San Martín comenzaba a llenarse de gente.

Según las crónicas periodísticas de la época, centenares de manifestantes y curiosos rodeaban el lugar, mientras cantaban el himno nacional argentino. Desde allí, salieron columnas de estudiantes y agrupaciones políticas que querían llegar hasta los alrededores del Luna Park.

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Había empezado a circular el rumor de que un grupo de nazis había prendido fuego una bandera argentina y querían ir a defender su honor.

"Un grupo de manifestantes que fue alejado por la policía de las inmediaciones del monumento a San Martín echó a correr por la calle Florida hacia el sur y cuando sus integrantes se alejaron más allá de la calle Paraguay quedó tendido en la acera, frente al número 971, un hombre de 50 años", detalló el diario La Nación en su edición del lunes 11 de abril.

La primera de las víctimas fue llevada a un hospital, donde murió, posiblemente a causa de las heridas que le produjo una avalancha. La otra víctima fue un ciudadano español, de 40 años, que fue aplastado por un caballo de la policía en la esquina de Paraguay y Cerrito cuando salía de misa.

Los manifestantes tiraron piedras contra instituciones y negocios vinculados con la comunidad alemana de Buenos Aires mientras las fuerzas de seguridad reprimían a quienes protestaban.

Hubo decenas de heridos por piedrazos, gases lacrimógenos y arremetidas de los caballos de la policía montada, además de la destrucción de vidrieras, automóviles y locales en el centro porteño.

Horas después del acto nazi más grande del que se tenga registro fuera de Alemania, terminaba de esa manera una jornada tristemente célebre para la historia.

Roberto Noble, inmediatamente desaparecida la Revista “Clarinada”, decide rendirle un homenaje llamando a su diario “Clarín”.
Recordemos que como funcionario del gobernador Manuel A. Fresco (que nunca, inclusive después de la guerra, dejó de mantener sobre su escritorio las fotos autografiadas de Hitler y Mussolini), el 26 de mayo de 1937, Roberto Noble mandó a la policía provincial a clausurar las “arbeter shuln” (escuelas obreras judías) en La Plata, Zárate, Campana y Valentín Alsina. Cuando decide rendirle homenaje a la revista nazi con el nombre Clarín a su diario elige para la secretaría de redacción a Carlos Suárez Pinto, un fascista declarado que se desempeñó como subjefe de policía de la provincia y se dedicó al periodismo en el diario de ultraderecha “Cabildo” y fue colaborador de Noble desde 1936. Luis Sciutto en la biografía que ganó el premio Clarín (y fue retirado por Ernestina) de todas formas publicada en 1979, señala que Roberto Noble había participado activamente en el golpe de Uriburu en el 30 y fue, según Sciutto, “uno de los seis únicos civiles de la primera línea en aquellos actos determinantes del derrocamiento de Hipólito Irigoyen”. Motivo de certeza histórica que Ernestina repudiaba sacar a luz.
Su relación posterior con fascistas y nazis es abundante.
Por ejemplo, el 10 de abril de 1939, Roberto Noble y Manuel Fresco participan de aquel acto del Luna Park para apoyar al Tercer Reich, entre las banderas con esvásticas, cantaban contra los judíos y los comunistas.
Noble en el 36 escribía: 
"Mussolini es el modelo viviente del moderno hombre de Estado, y en lo que al genio de su raza se refiere, constituye una expresión y egregia de la excepcional capacidad que el pueblo italiano ha demostrado en todos los tiempos de producir ejemplares humanos dotados de amplitud universal, de fantasía creadora y temperamento ejecutivo, síntesis que justifica por sí misma la existencia de la especie y la encumbra como portadora de lo supremos valores morales y espirituales en el mundo. Los argentinos nos regocijamos con alegría de hermanos, por la gloria de Italia y de Mussolini."


¿CÓMO SE DENOMINA AL RUIDO QUE HACE EL ELEFANTE?

Las onomatopeyas son aquellas palabras cuyo significante y significado coinciden, ya que representan un sonido. ‘Guau’, en el caso de un perro. Pero eso tiene un sustantivo asociado, ‘ladrido’ en el anterior ejemplo. Descubrimos con nuestro profesor de Lengua, Alfredo Tarazaga, cuáles son algunos de esos sonidos y qué nombres les damos.
Si el perro ladra, ¿qué hace el elefante? ¿Y la jirafa?
De esta forma podemos escuchar cómo los mosquitos ‘zumban’, pero los asnos ‘rebuznan’ y ‘roznan’, mientras las ballenas ‘cantan’. Sin embargo los bueyes no son los únicos que ‘mugen’, ni los búhos los únicos que ‘ululan’, aunque éstos sí que son los únicos que ‘chuchean’.

También hay animales que emiten diferentes sonidos, como el caballo, que ‘relincha’ y ‘bufa’, o el cerdo, que ‘gruñe’, ‘guarra’ y ‘chilla’. El ciervo ‘berrea’, el gallo ‘cacarea’ y el cocodrilo, sí, ‘llora’. Además los cisnes ‘voznan’ y los elefantes ‘barritan’. ¿Y las jirafas? ¿Qué hacen las jirafas? Pues las jirafas… apenas emiten sonidos audibles y nunca son vocales, así que nadie se ha preocupado por darle un nombre.

Asno / Burro Rebuzno o roznido
Abeja Zumbido
Ballena Canto
Caballo Relincho y bufido
Cabra Balido
Cerdo Guarrido o gruñido y chillido
Cigarra / chicharra Chirrido
Conejo Chillido
Delfín Chasquido
Elefante Barrito o grito
Gallo / Gallina Canto o cacareo
Pollo Pío Piar, piolar, pipiar o piular
Gato Maullido y ronroneo
Grillo Canto o chirrido
Hiena Aullido y risa
Jabalí Gruñido o guarrido
Jirafa Zumbido y ronquido
León Rugido
Lobo Aullido
Mono Chillido
Mosca Zumbido
Mosquito Zumbido
Oso         Gruñido
Oveja Balido
Perro Ladrido, aullido y gruñido
Rana Canto Croar, groar, charlear o cantar
Rata         Chillido
Ratón Chillido
Serpiente Siseo y silbido
Tigre Rugido
Toro         Bramido y bufido
Vaca Mugido, bramido y berrido

CURIOSIDADES


ETIMOLOGÍA DE FRASES MUY NUESTRAS "De su puño y letra"

De su puño y letra.  Se dice de lo escrito a mano por la persona que lo firma con su propia caligrafía. El puño hace referencia a la firma, que es el rasgo que da validez al texto y muestra la autoría. Antiguamente, la firma, la identificación personal, se estampaba imprimiendo con el puño el sello que las personas de rango llevaban esculpido en un anillo.
De ahí que puño haga referencia al sello estampado al pie del escrito.De su puño y letra.  Se dice de lo escrito a mano por la persona que lo firma con su propia caligrafía. El puño hace referencia a la firma, que es el rasgo que da validez al texto y muestra la autoría. Antiguamente, la firma, la identificación personal, se estampaba imprimiendo con el puño el sello que las personas de rango llevaban esculpido en un anillo. De ahí que puño haga referencia al sello estampado al pie del escrito.