viernes, 7 de agosto de 2020

EL ORIGEN DEL CHAMPAGNE


En la Edad Media, el vino de calidad era un monopolio de la Iglesia, que obtiene el precioso elemento para ser consagrado en las misas. La evolución del vino en la región de Champagne está relacionado con los reyes de Francia.

El primero de ellos en convertirse al catolicismo fue Clodoveo I, consagrado por el obispo de Reims la Navidad del año 496 en la capital de la región de Champagne.

Desde aquel día, sus vinos fueron dedicados a la realeza. Entre 898 y 1825, todos los reyes fueron consagrados en Reims y las festividades celebradas en su honor bañadas con los mejores vinos de la provincia. Esto hizo que trataran de mejorarse continuamente. 

Se considera que el inventor del champagne es el monje benedictino Dom Pierre Perignon en el año 1693 en Francia, que como muchos otros inventos, se dio por casualidad. 
El monje estaba probando nuevos sistemas y mezclas para elaborar vino, y no conseguía eliminar las burbujas de la fermentación (todo un fracaso). Pero por un casual lo probó y el resultado era magnífico. Se acababa de inventar el champagne.

cuándo se inventó el champagne
Dom Pierre Perignon es el padre del Chamoagne
El proceso es muy sencillo. Si los vinos se guardan en barricas, el gas producido durante la fermentación se escapa, pero si se guarda en botellas, queda retenido en el líquido y le da su carácter especial.

La fermentación es doble. La primera fermentación se realiza en cubas de madera y la segunda fermentación se hace en las botellas, donde permanecen un mínimo de dos años.

Evolución del champagne
El mismo monje dom Pierre Pérignon mejoró el método champenoise en 1670 con la mezcla adecuada de uvas, el tapón de corcho sujeto con un cordel de cáñamo en una primera botella con forma de manzana y el vidrio más grueso para soportar la presión de la fermentación que retendrá el gas.

Al parecer, Madame de Pompadour consumía unas doscientas botellas al año en sus fiestas y la copa baja de champán es un molde de sus pechos que realizó un vidriero de la corte.

También se dice que fueron los ingleses quienes idearon un vidrio más grueso para las botellas, tal vez a causa de aquel vino espumoso del Languedoc que las hacía reventar, y que el método de la gasificación fue descubierto por los rusos, a los que les encantaban los vinos muy dulces.




jueves, 6 de agosto de 2020

LAS ATROCIDADES DE OTRO MONSTRUO: EL REY LEOPOLDO II DE BÉLGICA


El rey Leopoldo II de Bélgica nació el 9 de abril de 1835 en Bruselas, Bélgica. 
Era xenófobo, genocida y un monstruo racista. Fue –junto a Hitler, Stalin y algunos otros más- uno de los peores maníacos genocidas y sádicamente racista en la historia del mundo moderno.

Durante su reinado colonizador, asesinó de entre 6 a 15 millones de mujeres, hombres y niños congoleños en el Congo (lo que equivale a aproximadamente la mitad de la población)

En 1885, el ejército de Leopoldo II se aventuró en el Congo. Y durante 23 años hasta 1908, colonizó infernalmente el Congo (ahora conocido como la República Democrática del Congo y anteriormente conocido como Zaire) y lo convirtió en su corporación privada multimillonaria. 
En el proceso, obligó brutalmente a los pueblos nativos a producir cuotas diarias masivas de marfil y luego cuotas diarias de caucho mucho más masivas. Si no lograban alcanzar sus cuotas casi imposibles, les cortaban las manos, los brazos y/o las piernas, los violaban y/o los mataban.

Había construido “cabañas de miembros” en todo el país para recolectar y exhibir públicamente partes del cuerpo cortadas para aterrorizar sistemáticamente a la población congoleña. Tenía "chozas de violación" construidas para brutalizar sexualmente sistémicamente a las mujeres y niñas congoleñas.

Su régimen africano fue responsable de la muerte millones de congoleños. Bertrand Russell estimó el número de víctimas en 8 millones de personas, mientras que el censo realizado por Bélgica en 1924 mostró que la población durante el Estado Libre de Leopoldo había descendido en un 50 %, 10 millones de personas. Sin embargo, diversos historiadores argumentan contra esta cifra debido a la ausencia de censos fiables, a la enorme mortalidad de las enfermedades como la viruela o la enfermedad del sueño y al hecho de que en 1900, solo había 3000 europeos en el Congo, de los cuales solo la mitad eran belgas.

Tras varios años de denuncias internacionales por parte de personalidades británicas como Arthur Conan Doyle, Joseph Conrad o Roger Casement; y del líder socialista belga Émile Vandervelde, entre otros, el Estado belga se hizo cargo de la administración del Congo en 1908. En la actualidad el papel de Leopoldo II en África sigue siendo controvertido entre los historiadores.
Si el escritor Adam Hochschild asegura que en el Congo se produjo un genocidio con 10 millones de víctimas, David Van Reybrouck considera que no se puede hablar de un genocidio, ya que no hubo una aniquilación consciente y planificada, sino "una política de explotación desenfrenada y una búsqueda patológica de beneficios".
Asimismo la biógrafa Barbara Emerson afirma que "Leopoldo no empezó ningún genocidio. Era avaro y se desinteresó cuando las cosas se descontrolaron en el Congo"; el soberano no habría sido un monstruo (¿!?), sino un calculador obcecado por las vastas riquezas de su colonia que sucumbió "a un aterrador ejemplo de decadencia moral"
Las cosas fueron tan horribles que conmocionaron la conciencia de muchos blancos durante ese tiempo. Por ejemplo, John Harris, un misionero inglés, escribió: “Acabo de regresar de un viaje tierra adentro a la aldea de Insongo Mboyo. La miseria abyecta y el abandono total son indescriptibles... "El profesor Jean Stengers, un historiador belga que escribió profusamente sobre ese período, describió las áreas productoras de caucho del Congo como áreas transformadas en "verdaderos infiernos en la tierra". Mark Twain ridiculizó sardónicamente al monarca belga en el Soliloquio del rey Leopoldo. Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes, en 1909 escribió El crimen del Congo para exponer la brutalidad de Leopoldo como un crimen contra la humanidad.

Pero la mayor denuncia provino de Roger Casement, un nacionalista irlandés y líder de Easter Rising, quien (sorprendentemente) escribió el documento oficial de Gran Bretaña sobre la maldad de Leopoldo en el Congo. Ese documento, fechado en 1903, se titula The Casement Report y entra en detalles sangrientos. Es una lectura obligada e inquietante.

Aunque Leopoldo era claramente el monstruo principal, tenía varios lugartenientes demoníacos cuyo sadismo era horripilante. Incluidos, entre otros, a Leon Rom, conocido como "El diablo", René de Permentier, conocido como "El carnicero del Congo", y Leon Fievez, conocido como "El coleccionista de Cabezas", que a menudo se jactaba de tener "cien cabezas cortadas." Leopoldo y sus demonios no estaban solos en su maldad. Fueron habilitados por el apoyo activo de 14 naciones europeas junto con los Estados Unidos cuando firmaron conjuntamente su maldad durante la Conferencia de Berlín de 1884-1885, donde África fue cortada como un pastel por los países europeos.

El historiador Adam Hochschild reveló que cuando la indignación internacional comenzó a aumentar, debido en gran parte a The Casement Report, Leopold fue presionado para abandonar el Congo y renunciar a su autoridad sobre él.
Poco después, "los hornos cerca de... (su) palacio ardieron durante ocho días, convirtiendo la mayoría de los registros del Estado del Congo en cenizas y humo". Esto fue seguido por el comentario de Leopold de que "les daré mi Congo, pero no tienen derecho a saber lo que hice allí":


UNO DE LOS PERFUMES DE CLEOPATRA

Una excavación hecha en el 2012 en Egipto, reveló una información fascinante, acerca de un perfume específico.

En el sitio de la excavación se descubrieron hornos, frascos de vidrios, ánforas de arcilla y residuos de ingredientes utilizados en perfumes.

El lugar de la excavación era la casa de un comerciante de perfumes y ungüentos. La vivienda incluía un espacio donde al parecer se realizaba el proceso de fabricación de estos productos.

Un análisis químico reveló que los ingredientes claves de los perfumes, era el aceite oliva, la canela, el cardamomo y una base de mirra (resina de árbol).

Un equipo de investigadores de la universidad de Hawái junto con 2 especialistas en perfumes egipcios, determinaron que la mismísima Cleopatra era cliente habitual, se recrearon los perfumes y el resultado fue un una mezcla mucho más espesa y pegajosa que los actuales, con un aroma fuerte, picante y ligeramente almizclado, cuya duración era mayor que la de las fragancias modernas.

La recreación de estos perfumes se ha incluido en la exposición organizada por National Geographic Society en su museo de Washington D.C. titulada Reinas de Egipto.

¿POR QUÉ LAS AGUJAS DEL RELOJ GIRAN A LA DERECHA Y NO A LA IZQUIERDA?


Se debe a que los relojes mecánicos se inventaron en el hemisferio Norte, y por lo tanto siguen el mismo sentido que los relojes de Sol en dicho hemisferio.

Si hubieran sido inventados en el hemisferio Sur serían los relojes "normales" y los que todo el mundo conoce serían los relojes antihorario, pues en dicho hemisferio los relojes de Sol funcionan "al revés".
El reloj de sol o reloj solar es un instrumento usado desde tiempos muy remotos con el fin de medir el paso de las horas, minutos y segundos (tiempo). En castellano se le denomina también cuadrante solar. Emplea la sombra arrojada por un gnomon o estilo sobre una superficie con una escala para indicar la posición del Sol en el movimiento diurno. Según la disposición del gnomon y la forma de la escala se pueden medir diferentes tipos de tiempo; el más habitual es el tiempo solar aparente (el reloj solar de el rey Acab)
Los conocimientos astronómicos de los egipcios les permitieron orientar la pirámide de Keops, c. 2550 a. C. mediante referencias estelares.
Mil años después, en la época del faraón Tutmosis III (c. 1500 a. C.), se diseña un instrumento denominado sechat; se trata de un pequeño reloj solar para medir el tiempo mediante la longitud de las sombras, que constaba de dos piezas prismáticas, pétreas, de unos tres decímetros de longitud, situadas perpendicularmente, donde una tenía marcadas las horas y otra servía de aguja. Debió ser un instrumento muy popular entre los sacerdotes egipcios, pues, por sus dimensiones, cabe que fuese un instrumento portátil.
Hoy en día aún se desconoce el instrumento que algunos gobiernos utilizan, para determinar que una “cuarentena” consta de más de cien días.

ILUSIONES ÓPTICAS

Aunque le parezca mentira, tan sólo son cuatro círculos que no se tocan entre sí.




¿El gato sube o baja?



miércoles, 5 de agosto de 2020

¿SABÍA QUE DE LOS 9.000 CRIMINALES Y COLABORACIONISTAS NAZIS QUE HUYERON DE EUROPA, 5.000 FUERON ACOGIDOS EN ARGENTINA?


Brasil albergó a entre 1.500 y 2.000 criminales de guerra, Chile recibió a entre 500 y 1000 y otras naciones con cifras menores como Paraguay, Bolivia y Ecuador, que viajaron allí tras haber arribado a Argentina.

Tras la caída del Tercer Reich, miles de nazis huyeron a través de las “ratlines”.
Este nombre en inglés (líneas de ratas), es el apodo que se le dio a las rutas clandestinas que usaron muchos nazis para escapar de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. 
De hecho, muchos en español las llaman "rutas de las ratas".
Pero aunque ese término podría resultar apropiado para imaginar la huida de miles de fugitivos de la justicia, entre ellos algunos de los mayores criminales de guerra de la historia, en realidad ratline no tiene que ver con ratas, sino con barcos.

(Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES)

En la jerga náutica, así se llama a los pequeños trozos de cuerda colocados de forma horizontal que sirven como peldaños de escalera, para poder subir por el mástil (en español se las conoce como flechaste).
En el pasado, escalar el mástil usando estas cuerdas era el último y desesperado recurso que tenía un marinero para evitar ahogarse si su barco se hundía.
Por ese motivo, ratline se convirtió en un sinónimo de "última vía de escape".

Para muchos jerarcas nazis que buscaban huir de las manos Aliadas después de la caída de la Alemania de Adolf Hitler, en 1945, esa "última vía de escape" se dio en la forma de un viaje transatlántico por barco, por lo cual el origen náutico de la palabra ratline resultó ser irónicamente adecuada.

Pero estas "rutas de las ratas" no fueron escapes improvisados de fugitivos desesperados. Fueron trayectos planificados y organizados por personas de poder, dedicadas a proteger a prófugos no solo alemanes sino también croatas, eslovacos y austríacos.

Y no hubieran tenido éxito sin la colaboración, a veces involuntaria, de dos de las instituciones internacionales más asociadas con la ayuda humanitaria: la Iglesia católica y la Cruz Roja.

Tres rutas, un destino
Las tres ratlines más utilizadas eran vías que atravesaban distintos países europeos con un solo fin: llegar hasta un puerto y allí escapar en barco.

La llamada "ruta nórdica" pasaba por Dinamarca con destino a Suecia, donde se embarcaba.

La "ruta ibérica" era coordinada por colaboradores nazis que vivían en España y utilizaba puertos como los de Galicia, presuntamente con el visto bueno del general Franco.

Pero se cree que hasta el 90% de los nazis que huyeron de Europa continental lo hicieron a través de Italia, el principal aliado de Alemania durante la guerra.

Aunque algunos escaparon hacia Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, Australia y Medio Oriente, la gran mayoría huyó a Sudamérica.

Y en ese continente hubo un país que atrajo a más fugitivos nazis que ningún otro: Argentina.

El gobierno de Perón permitió el ingreso de miles de prófugos nazis.
Documentos secretos nazis revelados en 2012 por las autoridades alemanas indicaron que unos 9.000 militares y colaboradores del Tercer Reich huyeron a América del Sur tras la guerra.  De ellos, unos 5.000 se quedaron en Argentina, el lugar al que el famoso "cazador de nazis" Simon Wiesenthal llamaba el "Cabo de Última Esperanza" para los nacionalsocialistas.

Por qué Argentina
Muchos atribuyen la elección de Argentina como país de destino a la abierta simpatía que mantenía Perón (quien llegó a la presidencia en 1946), con el Tercer Reich.

Pero el periodista argentino Uki Goñi, una de las personas que más investigó la llegada de criminales nazis a su país, asegura que el vínculo entre Argentina y la Alemania de Hitler era anterior a la llegada al poder de Perón.

Según Goñi, ya desde 1943 había un acuerdo secreto entre lasSchutzstaffel, las fuerzas de seguridad alemanas, más conocidas como SS, y el servicio secreto de la marina argentina.

El acuerdo consistía en que Argentina le daba documentos de ese país a agentes secretos de las SS para que se puedan mover libremente por Sudamérica, donde operaban una gran red de espionaje.

A cambio, el país latinoamericano recibía información confidencial sobre sus vecinos.

En un libro que publicó en 2002, donde describe en detalle la "fuga nazi a la Argentina", Goñi señala que después de que Alemania perdió la guerra, los argentinos mantuvieron el acuerdo de cooperación y siguieron dándoles documentación falsa a agentes nazis, solo que entonces ya era con la intención de rescatarlos.

El libro de Goñi se titula "La auténtica Odessa", en referencia al acrónimo con el que se conoció al principal grupo que habría planificado las ratlines: la Organisation der ehemaligen SS-Angehörigen u organización de exmiembros de las SS.

Esta organización saltó a la fama gracias a una obra de ficción basada en algunos hechos reales: la novela de suspenso The Odessa File ("El expediente Odessa) de Frederick Forsyth, publicada en 1972.

En ese thriller, Odessa aparece como una organización nazi internacional establecida antes de la derrota de Alemania con el propósito de proteger a los exmiembros de las SS después de la guerra.

El libro plantea que, tras lograr ese fin, los exnazis agrupados en Odessa planeaban eliminar el Estado de Israel.

Hoy en día, muchos historiadores cuestionan la existencia de una red de la magnitud y el poder que supuestamente tuvo Odessa.

"La 'ruta de las ratas' no fue un plan estructurado, sino que consistió de muchos componentes individuales", le dijo a la cadena alemana Deutsche Welle (DW) el historiador Daniel Stahl, del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad Friedrich Schiller.

Bill Niven, profesor de Historia Contemporánea Alemana en la Universidad Nottingham Trent (Inglaterra), coincide: "No hay evidencia convincente de que tal organización (Odessa) existiera", escribió en marzo pasado en el sitio BBC History Extra.

"Probablemente había grupos nazis más pequeños, en gran medida independientes, que operaban para asegurar el escape (de criminales de guerra)", explicó.

Otto Skorzeny, famoso por haber rescatado a Benito Mussolini tras su arresto en Italia, organizó una de las ratlines.
"Uno de estos grupos, según se dice, fue 'La araña', que involucró a líder de la unidad de asalto de las SS Otto Skorzeny, famoso por rescatar al dictador italiano Benito Mussolini del encarcelamiento en la región Gran Sasso, en el sur de Italia, en 1943"

Niven resaltó que no fueron solo nazis los que coordinaron las ratlines, sino también las fuerzas de inteligencia de Estados Unidos y Reino Unido, que ayudaron a escapar a sus informantes nazis, y a decenas de científicos alemanes, para que colaboraran con ellos en su lucha contra el comunismo.

"La ruta vaticana"
Fue este temor a una invasión soviética de Europa y a que se impusiera el comunismo tras la Segunda Guerra Mundial lo que habría llevado a lo que muchos consideran el aspecto más escandaloso detrás de las ratlines:el papel fundamental que jugó la Iglesia católica en el escape de los fugitivos nazis a Sudamérica.

La llamada "ruta vaticana", vía Roma y Génova, fue la más utilizada por los nazis que huyeron del continente europeo.

También se la conoce como "la ruta de los monasterios", ya que la huida, a través de los Alpes a Italia, incluía paradas en monasterios en Tirol del Sur, Merano y Bolzano.

Algunos de los prófugos permanecieron en estos lugares por años, muchas veces alojados al lado de las víctimas de sus delitos, en particular judíos en viaje hacia la región de Palestina.

Para llegar hasta Sudamérica, los fugitivos debían pasar primero por Roma, donde recibían documentos de identidad falsos de la Comisión de Refugiados del Vaticano o, en algunos casos, directamente de manos de altos cleros de la Iglesia católica.

El paso final era el pasaporte que recibían del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que les permitía viajar utilizando su nueva identidad.

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Los pasaportes de la Cruz Roja, con nombres falsos, usados por Josef Mengele, Klaus Barbie y Adolf Eichmann.

Abrumados por los millones de refugiados que dejó la guerra, la Cruz Roja dependía de las referencias del Vaticano a la hora de entregar sus pasaportes y el organismo ha reconocido que no logró evitar que algunos criminales de guerra se aprovecharan del caos para huir sin ser detectados.

Entre quienes pudieron escaparse a Sudamérica con pasaportes de la Cruz Roja -con nombres falsos-, estuvieron algunos de los máximos jerarcas nazis como Josef Mengele, Klaus Barbie, Franz Stangl, Walter Rauff y Adolf Eichmann.

Algunos, como Mengele, que falleció en Brasil, y Rauff, que murió en Chile, lograron evadir la justicia toda su vida. Pero otros fueron detenidos y extraditados años más tarde.

El caso más famoso fue el del llamado "arquitecto del Holocausto", Eichmann, quien fue capturado en Buenos Aires en 1960 por la agencia de inteligencia israelí, el Mossad, y trasladado a Jerusalén, donde fue juzgado, condenado y ejecutado.

Complicidad
Los historiadores aún hoy siguen debatiendo sobre si la complicidad de la Iglesia católica con los nazis fue institucional o si se trató de casos aislados dentro del Vaticano.

En su libro Ratlines, publicado 1991, los autores Mark Aarons y John Loftus sostienen que el primer sacerdote que se dedicó a planificar ratlines para los nazis fue el obispo austríaco Alois Hudal.

Hudal residía en Roma, donde era rector de un colegio austríaco-alemán, y en 1937 había escrito un libro, "Los fundamentos del nacional-socialismo", en el que elogiaba a Hitler.

Algunos incluso lo han acusado de ser un informante de la inteligencia alemana.

La ratline que organizó el obispo austríaco desde la sede del Vaticano fue la que permitió la fuga de varios de los prófugos de más alto perfil del nazismo, incluyendo a Eichmann, Mengele y Eduard Roschmann, el llamado "carnicero de Riga".

Muchos fugitivos nazis obtuvieron su documentación falsa con ayuda del Vaticano, aunque aún se investiga cuánto sabía la Iglesia católica.
Franz Stangl, quien había sido comandante del campo de exterminio de Treblinka, le contó a la periodista Gitta Sereny, tras su captura, que Hudal no solo le entregó papeles falsos sino que también le consiguió alojamiento en Roma mientras esperaba sus documentos.

Otro sacerdote que se hizo famoso por organizar ratlines desde Roma fue el bosnio-croata Krunoslav Draganovic, quien ayudó a escapar a los cabecillas de la organización nacionalista croata Ustacha, aliada del nazismo.

El fundador del movimiento, Ante Pavelić, fue uno de los muchos prófugos que terminaron en Argentina.

En su libro, Uki Goñi detaca el rol que tuvo el cardenal argentino Antonio Caggiano en la llegada de nazis a ese país.

Cuenta que por orden del gobierno de Perón, Caggiano se reunió en 1946 en el Vaticano con su par francés Eugène Tisserant a quien le informó que Argentina estaría dispuesta a recibir a los franceses que colaboraron con el nazismo.

Así, dice Goñi, fue que comenzó el contrabando de criminales de guerra al país sudamericano.

Pío XII
Más allá de la participación de algunos miembros de la Iglesia, lo que se preguntan muchos es cuánto sabía el Papa Pío XII sobre las ratlines.

El Pontífice, quien asumió meses antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, ha sido acusado de hacer la vista gorda ante el asesinato sistemático de judíos, por su silencio durante el Holocausto.
Documentos desclasificados este año por el Vaticano podrían revelar cuánto sabía Pío XII sobre las ratlines.
Si bien en 1998 el Vaticano se disculpó públicamente por su inacción durante el régimen nazi, hasta ahora siempre ha defendido el papel de Pío XII.
Pero el verdadero veredicto sobre la responsabilidad del Papa podría llegar pronto.
En marzo pasado, el actual líder de la Iglesia, el papa Francisco, de origen argentino, autorizó que se abran todos los archivos del mandato de Pío XII.
Uno de los que revisará los cientos de miles de documentos será el historiador eclesiástico alemán Hubert Wolf.
Wolf le dijo a la cadena DW que, aunque podría tardar años, finalmente se sabrá si Pío XII "dio instrucciones directas" de ayudar a escapar a los prófugos nazis con el fin de "combatir el peligro comunista".
O si "el Papa no sabía de la ayuda concreta y algunas personas de su entorno se aprovecharon de eso".

(Veronica Smink)

UN POCO DE HUMOR GENIAL: QUINO